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Articles by Patricia Raybon

Libre al fin

Veinte años pasaron antes de que el periodista John McCarthy —rehén por cinco años durante la guerra civil libanesa— conociera a quien había negociado su liberación: Giandomenico Picco. McCarthy dijo simplemente: «¡Gracias por mi libertad!». Sus emotivas palabras significaban muchísimo, porque Picco había arriesgado su propia vida durante las peligrosas negociaciones para conseguir su libertad y la de otros.

Nuestro Dios compasivo

Una fría noche de invierno, alguien arrojó una piedra contra la ventana de la habitación de un niño judío. Había allí una estrella de David junto con una menorá para celebrar Janucá, la fiesta de las luces judía. Miles de personas de aquella ciudad —muchos de ellos creyentes en Cristo— respondieron compasivamente ante ese acto aborrecible; y para identificarse con el dolor y el miedo de sus vecinos judíos, pegaron fotos de menorás en sus propias ventanas.

Fuegos artificiales de la vida

En Año Nuevo, cuando los fuegos artificiales detonan en todo el mundo, el ruido es fuerte a propósito. Los fabricantes dicen que el objetivo es, literalmente, despedazar la atmósfera. Los de repetición pueden ser los más sonoros; en especial, cuando explotan cerca del suelo.

Lenguaje delicado

Estaba en Facebook, discutiendo. Gran error. ¿Qué me hizo pensar que debía «corregir» a un extraño sobre un tema candente… y además, controversial? El resultado fueron palabras acaloradas, sentimientos heridos (al menos de mi parte) y una oportunidad perdida de hablar bien de Jesús. Esta es la consecuencia de la «ira de internet», frase para las palabras ásperas que se lanzan diariamente a través de la blogosfera. Un especialista en ética explicó que la gente concluye de manera equivocada que la ira «es la forma de hablar sobre las ideas públicas».

Evitar el conflicto

En su tributo junto a la tumba de un famoso científico holandés, Albert Einstein no mencionó sus disputas científicas. En cambio, recordó la «incesante bondad» de Hendrik A. Lorentz, conocido por su carácter agradable y su trato justo con los demás. «Todos lo seguían con gusto —dijo Einstein—, porque sentían que no quería dominar, sino que siempre deseaba ser útil».

El encantador de árboles

Algunos lo llaman el «encantador de árboles». Tony Rinaudo es el «fabricante de árboles» de World Vision Australia. Es un misionero y agrónomo que participa de un emprendimiento de 30 años para hablar de Jesús al combatir la deforestación del Sahel, en África.

Día de lavado

Mientras conducía por una zona de bajos recursos cerca de su iglesia, el pastor Chad Graham comenzó a orar por sus «vecinos». Cuando notó una pequeña tienda para lavar ropa, entró para mirar y vio que estaba llena de clientes. Uno le pidió una moneda para activar la lavadora. Ese breve pedido dio inicio a un «Día de lavado» semanal patrocinado por su iglesia. Los miembros donan monedas y jabón, oran con los clientes y ayudan financieramente al dueño del lugar.

Una reacción crítica

Las palabras ásperas lastiman. Por eso, mi amigo —ganador de un premio como escritor— luchaba sobre cómo reaccionar ante la crítica que recibió de un libro nuevo, al que un respetado columnista de una revista había elogiado ambiguamente, diciendo que estaba bien escrito pero haciendo una reseña sumamente dura. Dirigiéndose a sus amigos, preguntó: «¿Cómo debo responder?».

Enfocado

El escritor Mark Twain sugirió que aquello a lo que miremos en la vida —y la forma en que lo veamos— puede influir en nuestros siguientes pasos; incluso en nuestro destino. Lo expresó así: «No puedes depender de tus ojos cuando tu imaginación está fuera de foco».

Hacer su música

La directora de coro Arianne Abela pasó su niñez sentada sobre sus manos… para esconderlas. Nació sin algunos dedos en ambas manos y con otros pegados, y también le faltaba la pierna izquierda y algunos dedos en el pie derecho. Amante de la música y soprano lírica, había planeado especializarse en administración, pero un día, su profesor de coro le pidió que dirigiera al grupo, con lo que sus manos quedaron visiblemente expuestas. En ese momento, descubrió su vocación, y siguió dirigiendo coros en iglesias y en una universidad. «Mis profesores vieron algo en mí», explica Abela.